RUBEN DARIO

A unos ojos...

El sol con sus rayos rojos
ya no brilla, ya no arde:
que está dormida la tarde
y está dormida en tus ojos.

Al morir, con mil halagos
te deja en ellos el día
su vaga melancolía
y sus resplandores vagos;
y al tender la noche el velo

por las esferas oscuro,
te ruega que guardes puro
el diáfano azul del cielo.

Por eso, hermosa, los tules
que en tus ojos hay presentes,
son vagos y transparentes,
son soñolientos y azules.

Por eso con rayos rojos
el Sol ni brilla ni arde,
que está dormida la tarde,
que está dormida en tus ojos.

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